Textos de medianoche – Vol. 3

“La soledad corroe mis entrañas, el silencio se adueña aún más de mi mente sumergiendome en las profundidades de su ser. Ese ruido infernal que el mismo silencio produce destroza mi corazón, llenandome de temor, de odio, de rencor; esa misma soledad que nunca se ha ido, que permanece conmigo aún sabiendo que hace rato la despache, que hace tiempo me olvide de ella, alejandola de mi ser lo más posible..

… Pero al parecer todo fue en vano, nunca se fue, solo se escondio, esperando el momento adecuado para atacarme, para recobrar el control sobre mi alma; mi alma esta nuevamente adolorida, nuevamente buscando una salida, nuevamente tratando de sobrevivir…

Una vez más la soledad se ha convertido en mi refugio, en mi ruta de escape, en mi única opción. No me gusta estar así, por primera vez en mi vida deseo alejarme de la soledad y encontrarme con alguien, con algún compañante, no importa quien sea siempre y cuando me evite caer en brazos de quien ha estado siempre esperando que tropiece…

… Pero una vez más estoy equivocado, no hay nadie, el silencio, aliado de la noche y las sombras, lleva mi alma y la soledad extiende sus alas y me cubre poco a poco mientras mi corazón, turbado y adolorido, clama por piedad y suplica por una pausa en su tormento…

… Solamente cuando la noche termine mi alma descansara, solamente cuando la oscuridad desaparezca mi corazón dejará de sufrir; pero me encuentro en un lugar en el que la noche es eterna y la oscuridad es permanente, y me lamento por mi suerte, por mi destino; sin embargo, fui yo mismo quien se encargo de buscar y encontrar este lugar, soy yo quien infringe dolor a mi alma y hace que mi corazón derrame lágrimas, lágrimas que muestran tristeza, odio y desolación, lágrimas compuestas por mi propia sangre, lágrimas que brotan por las heridas que aún no se cierran, por las heridas causadas por mi propia mente, por mis propios pensamientos…

… Solo me queda desear que esto pase, que la noche termine y que el día llegue, pero esto solo pasará cuando mi cuerpo desaparezca, cuando mi mente descanse, cuando mi vida termine…”

Escrito por: Miguel Angel Mahecha Rivera

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